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Programa de las Américas Esta Semana en las Américas

Cumbre trilateral evade temas clave

Laura Carlsen, IRC | 1 de abril de 2005

Versión original: Trilateral Summit Skirts Key Issues
Traducción por: Eugenio Fernández Vázquez

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Programa de las Américas

“Las Américas esta semana” es una columna semanal escrita por analistas del Programa de las Américas. Respuestas y comentarios a esta columna y a otros análisis sobre las Américas pueden enviarse a la dirección: americas@irc-online.org.

 

Si usted lee o escucha los medios estadounidenses, la reunión trilateral entre los jefes de Estado norteamericanos fue sobre todo una sesión amigable, sostenida para limar algunas asperezas surgidas en la relación en los últimos años. Dada la falta de contenido de las declaraciones oficiales, cabe preguntarse por qué se reunieron en primer lugar.

Pero la agenda real fue un poco más compleja. Para entender lo que pasó en la última Cumbre de América del Norte hay que leer entrelíneas en las dulces declaraciones públicas. Muchos de los motivos reales eran evidentes desde el principio.

En primer lugar, la administración Bush tenía una deuda diplomática con el presidente mexicano Vicente Fox. A pesar de su negativa a votar a favor de la invasión a Irak, el gobierno de Fox ha apoyado prácticamente todas las iniciativas importantes de Estados Unidos, tanto en los foros globales como en los bilaterales. Ha actuado como secuaz de estos intereses (recordemos cuando Fox, anfitrión de la Cumbre de Monterrey, explícitamente pidió a Fidel Castro que se fuera antes de que llegara Bush), aún con costos políticos internos muy altos, en un país acostumbrado a jugar un papel más independiente respecto de su vecino del norte.

Respecto de los esfuerzos para integrar América Latina, el México de Fox ha sesgado sistemáticamente sus lealtades hacia el Coloso del Norte, de quien depende el 90% del comercio internacional. El país ha inclusive aceptado el ridículo marco de “seguridad nacional” impuesto por Estados Unidos a la relación bilateral--a pesar de la ausencia de amenazas terroristas provenientes de México--y ha permitido que el crucial tema migratorio quede marginado. Con el Departamento de Estado catalogando a los países latinoamericanos, de forma cada vez más agresiva, como “con nosotros” o “contra nosotros”, era importante ofrecer un poco de apoyo político al gobierno de Fox por mantenerse con tanta firmeza en la columna de los “con nosotros”.

El tema con Canadá era el contrario. Canadá ha estado estridentemente insistiendo en que se resuelvan las restricciones a la exportación de carne y madera, y recientemente se enfrentó a la administración Bush al negarse a participar en la propuesta de defensa continental antimisiles. En sus declaraciones, el primer ministro Paul Martin reiteró fuertemente estas posiciones. Los líderes, sin embargo, acordaron ver estas diferencias dentro del contexto de un amplio compromiso respecto de las metas compartidas.

Finalmente, tanto a Fox como a Martin se les concedieron reuniones bilaterales privadas de veinte minutos con Bush. El presidente Fox anunció que, como resultado de esta reunión, Bush se comprometió a presentar una propuesta migratoria al Congreso. No se definieron fechas y, aparentemente, no se discutió el contenido específico de la propuesta. El presidente estadounidense tampoco se comprometió a trabajar de forma más cercana con el Congreso o con los miembros de su propio partido para lograr que se aprobara.

De hecho, las declaraciones finales del presidente Bush fueron notablemente no comprometedoras respecto del destino de esa propuesta: “Tiene usted mi promesa de que seguiré trabajando en ella. No tiene mi promesa de que el Congreso haga algo, porque no soy un legislador.” Fue una sorprendente admisión de limitaciones que venía de un presidente cuyo partido controla ambas cámaras del Congreso y que presumía, después de su triunfo electoral, de que había “ganado capital político y pensaba gastarlo.”

La propuesta migratoria que Bush trató de sacar a flote el año pasado fue hundida en el fuego cruzado entre los que se oponían a relajar el control fronterizo y los que decían que no iba suficientemente lejos respecto de la propuesta de proveer una amnistía y medidas de ciudadanía. Nada indica que este año será diferente; de hecho, el debate doméstico en torno de la inmigración se ha polarizado más que nunca.

La pre-anunciada “Alianza por la Seguridad y la Prosperidad” apenas fue mencionada en las declaraciones oficiales. Grupos de trabajo que no fueron especificados tienen la tarea de elaborar una propuesta no especificada y presentar estrategias en tres meses. Enfatizando que “(la seguridad y la prosperidad) van de la mano”, Bush afirmó que la agenda de prosperidad en el hemisferio está basada en el libre comercio, mientras que la agenda de seguridad sigue girando en torno de medidas de contraterrorismo.

Aunque no se mencionó, la parte de la prosperidad también tiene que ver con la necesidad de Estados Unidos de reforzar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ante el poco prometedor futuro del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Dado el meteórico ascenso de China y las crecientes presiones de la OMC, la agenda comercial estadounidense ha vuelto a casa con un renovado énfasis en el fortalecimiento del bloque comercial regional. En este contexto, un TLCAN-Plus--el acrónimo de una mayor integración en la región–, más que ser visto como una expansión que lleve a la inclusión de los temas sociales y ambientales, incluyendo flujos laborales, es vista como una reafirmación de los roles mutuos de proveedores y vendedores. Bush también abrió un espacio para CAFTA, que será próximamente votado en el Congreso, pero todo indica que sigue sin los votos suficientes para ser aprobado.

Finalmente, los temas de seguridad se llevaron los titulares y la mayor parte de la tinta en esta reunión, para sorpresa de nadie. Sin embargo, no se anunció nada concreto. Es probable que la administración Bush haya pedido a México medidas más sólidas de protección fronteriza en los límites que comparten y que cierre aún más su frontera a los flujos de migrantes centroamericanos. Pero hacer un anuncio formal al respecto sería una bomba de relaciones públicas para Fox, en un momento en que su capital político es excesivamente escaso. Por su parte, Canadá acordó aumentar las medidas de Frontera Inteligente, al tiempo que rechazó medidas que llevarían a una mayor militarización, como la propuesta del sistema de defensa continental antimisiles estadounidense.

Así que después de los pasteles y los apretones de manos, poco ha cambiado. La “relación trilateral” sigue siendo una doble relación bilateral, mediada no sólo geográfica sino también diplomáticamente por la potencia central: Estados Unidos. Las agendas de los socios menores--Canadá y su disputa sobre los mecanismos de resolución, México y la migración--recibieron una atención a penas retórica, mientras que la seguridad, definida por Estados Unidos, tomó preponderancia sobre las realidades cotidianas.

En resumen, Estados Unidos siguió siendo el mandamás de una reunión que se pareció más a un espectáculo ambulante que a una verdadera reunión entre países.

Laura Carlsen dirige el Programa de las Américas del Centro de Relaciones Internacionales (IRC, en línea en www.irc-online.org).

 


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Cita recomendada:
Laura Carlsen, "Cumbre trilateral evade temas clave", Programa de las Américas (Silver City, NM: International Relations Center, 1 de abril de 2005).

Ubicación en Internet:
http://ircamericas.org/esp/812

Información de producción:
Escritor: Laura Carlsen, IRC
Traduccion: Eugenio Fernández Vázquez
Editor:
Producción y diseño: Tonya Cannariato, IRC

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