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El Golfo de California:

Cuestión de vida o muerte: Unirse al esfuerzo bilateral para el Delta del Río Colorado

Talli Nauman | 10 de abril de 2006

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DELTA DEL RÍO COLORADO, BC-SONORA -- Cuando se construyó la Represa Hoover cerca de Las Vegas, Nevada, en 1936, era la más grande del mundo. Colocó al Lago Mead como una joya en un hilo de oro constituido por la desértica serranía a lo largo de los 2 mil 320 kilómetros del Río Colorado entre las Montañas Rocallosas en Estados Unidos y el Golfo de California en México. Unos 30 años después, la Represa Glen Canyon creó el Lago Powell. Mientras, otros embalses adornaron la cadena acuífera. Brillaron en el sol del oeste, al tiempo que la administración federal los unió en una asombrosa red para regar y generar energía para el crecimiento de los Estados Unidos en el Siglo XX. Sin embargo, las alhajas de la expansión hacia el occidente tuvieron un alto costo para México. La vida que socorre al norte de la frontera se refleja en la muerte que prevalece al sur de ella.

El Delta del Río Colorado: Los habitantes montan campañas para preservar la poca agua que les escurre, obtener más, y restaurar el hábitat. Foto: Archivo

Desesperadas, algunas de las 200 mil personas de 1 mil 127 comunidades de la cuenca mexicana del Río Colorado han montado campañas para preservar la poca agua que les escurre, obtener más, y restaurar el hábitat. Es un proceso tormentoso, que no obstante empieza a dar frutos. Los habitantes llevan 25 años de monitoreo comunitario científico. Han creado pantanos, como la Ciénega de Santa Clara, el cual es ya el más grande e importante humedal en el Bajo Colorado y el Desierto de Sonora. Siembran mezquites y experimentan con un nuevo esquema de aprovechamiento del agua, al tiempo que rehabilitan viejos campamentos de caza para dedicarlos a la observación de aves. Han convertido la Reserva de la Biósfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado en un centro de repoblación de especies silvestres únicas y amenazadas. Usan los principios de la reserva como motor del desarrollo sustentable. Fundaron una asociación de ahorro y préstamos para mujeres orientada a proteger la pesca comercial en el poblado de El Golfo de Santa Clara dentro de la reserva. Ahora quieren garantizar un mínimo del flujo de las aguas del Río Colorado para la agricultura así como para otras actividades. Tratan de evitar entre todos que los inversionistas de fuera logren un desarrollo desmedido en perjuicio del entorno.

Desafortunadamente, todas estas iniciativas podrían fracasar. Por ejemplo, si los agricultores reactivan la Planta Desalinizadora de Yuma, privarían a la Ciénega de Santa Clara de los flujos esenciales del Río Colorado provenientes del Canal Wellton-Mohawk. Si pavimentan el Canal Todo Americano en California para aumentar las entregas de agua de riego, la filtración a México declinará unos 80 millones de metros cúbicos al año. Eso implica la pérdida de 67% del hábitat y la vegetación del Delta. Hoy, estas y otras amenazas son motivos de peleas y pleitos transfronterizos y de preocupaciones sobre una guerra del agua. Pero hay posibles soluciones, y las oportunidades para la colaboración están a la mano. La ley internacional requiere la consulta binacional en las decisiones sobre los derechos al agua del Río Colorado. Una actitud más proactiva en ambos lados de la frontera impulsaría el progreso mucho más allá de lo exigido por el Tratado de Agua de 1944 que rige. En las 1.3 millones de hectáreas (3.1 millones de acres) de área de influencia del Colorado en México, los habitantes del Delta ya lo han demostrado. Si las represas del río escurrieran tan sólo dos metros cúbicos más por segundo, crearían una corriente permanente entre sus cortinas y el mar, necesaria para revitalizar el hábitat y la economía. La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) reconoció la obligatoriedad de tratar el impacto de la escasez del agua al inaugurar una Fuerza Binacional de Tareas Técnicas en el año 2000. Aún así, un compromiso mayor del gobierno mexicano en lograr la participación de Estados Unidos para alcanzar las metas de conservación y restauración fortalecería la posición de la gente del Delta.

La ley del río: Denominador común

En Estados Unidos el Acuerdo del Río Colorado de 1922 repartió 90% del agua a la agricultura de los valles Imperial y Coachella, así como a otras tierras en siete estados al norte de la frontera. El Tratado de Agua de 1944 entre Estados Unidos y México asignó el 10% restante (mil 850 millones 234 mil metros cúbicos por año) para cultivos mexicanos y otras empresas en el Valle de Mexicali. Estos instrumentos jurídicos y otros relacionados, que ahora se conocen como la Ley del Río, no dejan nada disponible para la pesca, la recreación o la vida silvestre, excepto en casos de excedentes extraordinarios.

Mural en Cúcapa El Mayor: El poderoso Colorado es un personaje omnipotente y siempre presente. Foto: Dahl McLean

Este esquema de distribución del agua que detonó la prosperidad para millones de personas en Wyoming, Colorado, Utah, New México, Arizona y California sacrificó a un sinfín de santuarios e inundó tierras ancestrales de los indígenas. Privó a la etnia cucapá de México, asentada en el Delta del Colorado en el estado de Baja California, de la herencia que le dio el significado a su nombre: “gente del río”.

Los pobladores originales del Delta del Rió Colorado y los que los siguieron acostumbraban ganarse la vida de la siembra, la pesca, y luego del turismo, como guías en la pesca deportiva y de cazadores atraídos por las especies migratorias que utilizan el cauce. Pero en la década de los setenta, el agua contaminada con agroquímicos acabó con los cultivos del Valle de Mexicali lo que unió a los granjeros mexicanos para protestar contra Estados Unidos en la línea fronteriza. Luego, en 1982 y 1983, los habitantes del Delta experimentaron una ola de la esperanza, cuando el río demostró que obedece a una ley propia en el ciclo de El Niño, que rellenó el Delta con aguas pluviales. Pero hace seis años, en octubre de 1999, una sequía afectó a la cuenca del Río Colorado. Desde entonces, las nevadas en la cima de las Montañas Rocallosas han determinado si se puede contar con alguna cantidad de agua sobrante de los sistemas de riego. Esto ha reducido las oportunidades para la gente pobre desde hace décadas en Baja California y Sonora.

Salen del valle los sueños subterráneos

El máximo líder de la etnia Cucapá, Onésimo González Sainz: "… y todavía estar aquí". Foto: Shaylih Muelhlmann

El poderoso Colorado es un personaje omnipotente y siempre presente en el oeste de Estados Unidos y en el noroeste mexicano. Con todo, mucha gente en ambos lados de la frontera no le hace caso, lo ignora, incluso después de años de esfuerzos de los grupos cívicos por elevar la conciencia pública y llamar a tomar la acción.  Al viajar entre Mexicali, San Felipe, San Luís Río Colorado y Puerto Peñasco, que son los puntos urbanos del cuadrilátero que define el Delta, es fácil dejar de ver el agua del río. De hecho, la mayoría de las personas ni lo percibe. Es bastante difícil imaginar los buques de vapor que surcaron por aquí, según los libros de historia. Casi han desaparecido los canales naturales hasta a tal grado que los visitantes necesitan de intérpretes para entender cómo el paisaje alberga algo más que extensos salitrales. Asimismo se pasa por alto el significado de la vertiente en el balance económico y ecológico del noroeste de México. “Muchas personas no se dan cuenta, no saben nada de aquí. Falta información”, dice Guadalupe Fonseca Molina, integrante de la Asociación Ecológica de Usuarios del Rió Hardy-Colorado (AEURHYC). Recalca, “Si no hay agua, no hay comida, no hay nada, no hay turistas tampoco”.

Incluso los mariscos sazonados en las parrillas de los gastrónomos más prestigiados de la Ciudad de México o de Chicago son posibles gracias al río. Las poblaciones de curvina, totoaba y camarón han declinado en relación directa con la cantidad de agua del río que alcanza el Golfo de California. Para reestablecer la población del camarón, los estuarios cerca de la boca del río requieren de 70 metros cúbicos adicionales por minuto durante tres meses del año. Eso es 35 veces más de lo que los defensores de la recuperación del corredor ribereño recomiendan para ese único propósito.

La necesidad: Madre del invento

Los pobladores han concebido un Fideicomiso del Agua del Delta del Río Colorado, un nuevo mecanismo con el cual la organización no lucrativa Pronatura y otros interesados compran los derechos del uso agrícola de cualquier propietario dispuesto a vender y los convierten en derechos de uso ecológico en perpetuidad. Las regulaciones para transformar los derechos y formar reservas privadas, conocidas como servidumbres, se están definiendo actualmente.

Mientras tanto, Pronatura Noroeste, el Sonoran Institute y otros participantes en AEURHYC están preparando el campo para hacer el primer ejercicio de tales derechos. Despejan al invasivo pino salado de un predio de 1 mil 619 hectáreas (4 mil acres), siembran mezquite, analizan y miden el agua subterránea, monitorean a las aves y estudian las características del suelo. La propiedad se convertirá en parte de un plan maestro que están diseñando para conseguir un decreto presidencial que le convierta en Zona de Restauración, con manejo comunitario decidido con la participación de los residentes de la cuenca.

El bordo El Tapón: Ilustra la desesperación de los moradores. Foto: Dahl McLean

Todo es una operación hormiga. Uno puede pasar por la comunidad Cucapá El Mayor a orillas de la Carretera Federal 5 sin darse cuenta de ello. Pero los cucapá se organizan. A la sombra de su sagrada Montaña del Águila, conocida como Xuishpa en el idioma nativo, se han aliado con AEURHYC. Recientemente tomaron control del monitoreo de los peces en el río. En Marzo de 2006 presentaron una queja ante la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos por sus derechos ancestrales a la pesca. Mientras la pesca está restringida, buscan ayuda para aumentar sus raquíticos ingresos por medio de otras actividades. En octubre montaron una exposición de artesanías para recibir a su primer grupo de visitas como parte del proyecto de ecoturismo Ruta de Sonora . En noviembre, celebraron con danzas tradicionales el Primer Encuentro de las Naciones Cucapá. El máximo líder de la etnia, Onésimo González Sainz, se muestra esperanzado con la primera promesa emanada por un presidente del municipio de Mexicali, consistente en apoyar el desarrollo del turismo local. Don Onésimo nació al mismo tiempo que la Presa Hoover. Aunque el término “imperialismo ecológico” no está en su vocabulario, conoce bien el significado de ser victima de ese tipo de degradación con que los estudiosos han caracterizado el Delta. “Me gustaría ver muchas cosas, a todos los jóvenes con trabajo en su propio terreno y el agua de regreso, pero el río sagrado se acabó. Es muy triste”, pronuncia. Luego se consuela, “Pero estamos muy orgullosos de ser indios, de pasar todo lo que aguantamos y todavía estar aquí”.

La obra que tal vez ilustra, mejor que cualquier otra, la desesperación de los moradores del Delta es la construcción del bordo El Tapón. Con ello, se incrementó el nivel del Rió Hardy y creó 1 mil hectáreas de humedales de marisma. Pero para lograrlo, los usuarios del río llenaron sacos de arena y los cargaron uno por uno. Los acomodaron uno encima del otro, junto con piedras, en una labor que tardó cuatro años, sin usar maquinaria sino hasta el final. Entre sus voluntarios se encontraba Fonseca Molina, guía de turistas desde sus 12 años, cuando su padre lo dejó en el campo de caza Ramona mientras él iba a cuidar a sus cabras en la Sierra del Águila. Recuerda los años 80 después de las grandes inundaciones, y dice, “Me gusta todo pero lo que me gustaría más es que hubiera mucha agua para plantar árboles, sauces y álamos”. La asociación formada en 1999 ha aumentado a 29 miembros a pesar de enfrentar retos tales como la obra de El Tapón. En su haber tiene la plantación de 2 mil árboles en una superficie de 8 hectáreas con hasta un 90% de supervivencia. Los campos Ramona, Flores, Muñoz y Mosqueda están en plena restauración con mesquite, palo fierro, sauces y álamos. Además sirven de puntos de monitoreo comunitario de la salinidad, temperatura, turbiedad y otros indicadores del Rió Hardy, ramal del Colorado.

Estacion de campo: La reserva de la biósfera apoya los esfuerzos productivos. Foto: Dahl McLean

La Reserva de la Biósfera Alto Golfo de California y Delta del Río Colorado apoya estos esfuerzos aunque se realicen fuera del área natural protegida (ANP), porque contribuyen a sus fines de conservación de la biodiversidad. Un 15% de sus especies son endémicos, o sea únicos en el mundo. La creación de la reserva obedece a un decreto federal de 1993. Tiene una superficie de 934 mil 756 hectáreas y alcanza inclusive una parte de las aguas del Golfo. Cuenta con una área de influencia aún mayor porque esta hermanada con varias ANP en Arizona y California, por ejemplo, los refugios nacionales de vida silvestre Imperial, Kofa, y Cabeza Prieta; el campo de la Fuerza Aérea Goldwater, y el Monumento Nacional de Organ Pipe Cactus, además de la Reserva de la Biósfera del Gran Desierto de Altar en Sonora. La reserva del río pertenece a la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras y de la Conservación. También , alberga especies acuáticas envidia del resto del planeta, así como la casi extinta totoaba y el cetáceo (un mamífero marino) más pequeño del mundo, la vaquita, clasificada en crítico peligro de extinción.

La reserva funciona por los esfuerzos productivos

Lazos del Mar: El propósito es de conservar la vaquita. Foto: Cortesía World Wildlife Fund

Dentro de la reserva, cuando cae la noche sobre la pequeña localidad ribereña llamada El Golfo de Santa Clara, los pescadores desembarcan de sus jornadas. Sacan sus humildes pangas con sus remolques y las llevan de la orilla a sus casas en ruidosas camionetas más que desgastadas por la sal y la arena del quehacer diario. La oscuridad oculta una esperanza de desarrollo alternativo, que con el propósito de conservar la vaquita, formaron las mujeres del lugar. Se trata del Órgano Financiero Comunitario (OFC) Lazos del Mar. Desde 2002, sus integrantes han ahorrado y prestado más de 2 millones de pesos. Registraron una morosidad nula en sus primeros tres años de operaciones. Los préstamos se destinaron para generar actividades económicas diferentes que ayudaran a disminuir la presión de la flota ribereña sobre la vaquita marina y otras especies. Aunque la escasez del agua dulce y sus sedimentos debido a las represas del Río Colorado y a su infraestructura colateral es la verdadera amenaza para la vaquita y la totoaba, los negocios de una refresquería, la renta de videos y venta de abarrotes constituyen alternativas de ingresos que permiten contener la presión sobre los recursos pesqueros y consecuentemente el deterioro ambiental. La visión de las integrantes es promover actividades que lleguen a un mercado regional, o sea fuera del ámbito de la comunidad de Santa Clara. Piensan en invertir en la transformación industrial de productos marinos y de la pesca para consumo humano en la región, aprovechando los mercados fronterizos. Con capacitación, Lazos del Mar prevé incorporar a sus actividades la promoción del ecoturismo y la educación ambiental, las artesanías y productos para el turismo.

Como encargada de la reserva, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) pone énfasis en la protección de los humedales del delta, por su importancia en asegurar el hábitat de la flora y fauna silvestre y por su capacidad para captar y purificar el agua dulce, asunto declarado de seguridad nacional en México desde 2000. Hace notar que los servicios ambientales de los humedales incluyen regular el régimen hidrológico, controlar las inundaciones, proteger las tierras de la erosión y las tormentas, mitigar los impactos catastróficos del cambio climático, reponer los mantos freáticos, retener nutrientes, y almacenar material genético vegetal y carbonífero. Sirven de criaderos de especies de valor para la pesca comercial y ofrecen múltiples posibilidades de recreación y turismo.

Canal Wellton-Mohawk: Los flujos son esenciales para la Ciénega de Santa Clara. Foto: Talli Nauman

La Ciénega de Santa Clara, y media docena de otros humedales, incluyendo La Mesa de Andrade, gozan del estatus de sitios prioritarios para la conservación, recomendados por científicos de México y Estados Unidos, que trabajan en apoyo al Delta desde hace unos 10 años con el respaldo de universidades, institutos de investigación y organizaciones no gubernamentales (ONG). Entre ellos, están el Sonoran Institute, Environmental Defense, Defenders of Wildlife, Pronatura, World Wildlife Fund, Conservación Internacional, Fondo Mexicano para la Conservación a la Naturaleza , Pro Esteros, Pro Peninsula, Living Rivers y North American Wetlands Council. Con apoyo filantrópico, estas y otras, alientan las iniciativas de base, como la de Juan Butron que ampara a la Ciénega de Santa Clara.

Butron, es un ecologista empírico del empobrecido Ejido Luis Encinas Johnson, donde se ubica la Ciénega de Santa Clara. Se hizo merecedor del premio 2005 de servicio ambiental “Michael S. Currier” por su visión, originalidad y liderazgo, gracias a la New México Community Foundation y la Thaw Charitable Trust. El galardonado ha adoptado a la marisma como “parte de mi familia”, dice. Involucra a los jóvenes del ejido de 150 habitantes en estudiar y promover a la ciénega como destino ecoturístico a un costado de la reserva de la biósfera.

Por los caminos de la frontera hacia el sur, rumbo a San Felipe y Puerto Peñasco donde los gobiernos de los estados de Baja California y Sonora esperan cada vez más divisas turísticas, las visitas reciben la bienvenida con desoladores kilómetros de basura. Pero Butron se dedica a mantener libre de la suciedad a los lodazales y marismas de tule en el nicho del Delta. Considerado por algunos como un loco, emprende batallas por la naturaleza cada día, literalmente apagando fuegos que hasta sus propios parientes provocan. Se rebela ante las alteraciones inducidas del lugar, como la introducción de grava a una vereda interpretativa o de tabiques en lugar de fibras nativas en cabañas para huéspedes. Cuando imparte el amor y respeto por la conservación y pureza, es un modelo para su comunidad. Enseña a sus vecinos cómo guiar a las visitas durante la observación de los apreciados palmoteadores, pelícanos blancos, gracos, águilas pescadoras, garzas, mosqueritos negros y gargantas cenizas que pueblan el humedal. Actualmente retoma los estudios de la educación secundaria, después de haber tenido que abandonar la primaria de niño. Dice que aún sin la educación formal “conozco la diferencia entre el mal y el bien”.

La vida en peligro

La Ciénega de Santa Clara puede desaparecer por una decisión de Estados Unidos. El Distrito de Conservación de Agua de Arizona Central optó en junio de 2005 por reactivar la Planta Desalinizadora de Yuma ofreciendo garantías de abasto para el humedal, pero enfrenta fuertes presiones. La Mesa de Andrade se puede perder por lo mismo. Para evitar las licitaciones en marzo y abril del revestimiento del Canal Todo Americano y el comienzo de la construcción en junio de 2006, la organización civil Consejo de Desarrollo Económico de Mexicali entabló una demanda ante una corte federal en Estados Unidos. Ya se sabe que este país puede bajar el nivel del agua por iniciativa propia.

Juan Butron: Un ecologista impírico adoptó a la marisma como “parte de mi familia”. Foto: Talli Nauman

Francisco Zamora, científico del Proyecto del Río Colorado y Delta, dice que la coyuntura actual es crítica en la ecoregión: “Las comunidades quieren ver acción. El gobierno se involucra porque ve que los usuarios luchan por ellos mismos. Es hora de que los diferentes niveles de gobierno cooperen con nosotros”. El integrante del Sonoran Institute agrega, “Todo es un asunto binacional. Hay cosas que México puede hacer y hay cosas que Estados Unidos puede hacer. Pero finalmente tiene que ser una colaboración binacional”.

No todo el mundo reconoce que las especies importantes para la industria pesquera dependen del agua dulce del Delta y del cuidado de sus ecosistemas, que a su vez son la base de la economía agrícola y turística. Esa es la alerta del Delta. Lo que se destruye en el Delta impacta al Alto Golfo entero, a su gente y a su entorno, además de los consumidores alejados.

Es más, las lecciones del Delta han creado modelos de colaboración que pueden aplicarse en todo el Golfo. Hay otros ríos donde se pueden aprovechar las enseñanzas de la cuenca del Río Colorado antes de que su propia situación empeore. “La mejor manera de proceder, es cuando la conservación va de la mano del desarrollo económico”, puntualiza Zamora.

Talli Nauman es cofundadora y codirectora de Periodismo para Elevar la Conciencia Ecológica, responsable de esta serie de reportajes de investigación sobre el desarrollo sustentable en El Golfo de California, misma que fue realizada gracias al apoyo de gente en toda la región y patrocinada a instancia del Fondo Educación Ambiental, el Centro Internacional para Periodistas y la Fundación David y Lucile Packard.

 

Recursos

Gulf of California Environmental Series Index: Spanish and English


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Cita recomendada:
Talli Nauman, "Cuestión de vida o muerte: Unirse al esfuerzo bilateral para el Delta del Río Colorado," Programa de las Américas (Silver City, NM: International Relations Center, 10 de Abril de 2006).

Ubicación en Internet:
http://ircamericas.org/esp/3187

Información de producción:
Escritor: Talli Nauman
Editor: Miguel Ángel Torres
Producción y diseño: Nick Henry, IRC

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